Descubrí lo confusas que pueden llegar a ser las mariquitas el día que conté hasta cuatro colores distintos en una misma mata de rosales: unas rojas con siete puntos, otras naranjas con casi veinte, alguna casi negra. Tendemos a pensar que toda mariquita es buena para el jardín, y en general lo es, pero entre ellas se ha colado una viajera —la mariquita asiática (Harmonia axyridis)— que conviene saber reconocer. No para declararle la guerra, sino para entender qué ocurre en tu jardín. Aprender a distinguirla de nuestras mariquitas de siempre es más fácil de lo que parece, una vez sabes dónde mirar. Déjame mostrarte la marca que la delata y por qué merece la pena fijarse en ella.
La Mariquita Asiática: una Invasora con Muchas Caras
Lo primero que despista de la mariquita asiática es que no tiene un único aspecto. Su color de fondo va del amarillo pálido al naranja y al rojo intenso, y el número de puntos oscila entre ninguno y casi veinte. Por eso recibe el nombre de mariquita arlequín: parece varios insectos distintos cuando en realidad es la misma especie con mil variantes.

Llegó a Europa para el control biológico de pulgones en cultivos e invernaderos y, como suele pasar, se escapó y se naturalizó. Hoy está bien establecida en buena parte de España y sigue extendiéndose. Es una cazadora voraz de pulgones, sí, pero ese mismo apetito la convierte en un problema cuando desplaza a la fauna autóctona.
He aprendido que intentar identificarla por el color o los puntos es perder el tiempo: cambian demasiado. La clave no está en las alas, sino un poco más adelante, en una zona que casi nadie mira. Y una vez te fijas en ella, ya no hay confusión posible.
La Marca Clave: el Dibujo del Pronoto
El truco está en el pronoto, esa especie de escudo que hay entre la cabeza y las alas. En la mariquita asiática, el pronoto es de fondo claro, blanquecino o crema, y luce un dibujo negro muy característico en forma de M —o de W si la miras del revés—. A veces son cinco manchas que se tocan, a veces una mancha más sólida, pero siempre sobre ese fondo pálido.
Esa M sobre fondo claro es la firma de la especie y no falla, da igual el color que tengan las alas. Si ves ese dibujo, es una mariquita asiática, tenga dos puntos o dieciocho. Es la única pista que necesitas memorizar.
Conviene mirarla de cerca, con paciencia y, si hace falta, con una lupa, porque el insecto mide apenas 6 a 8 milímetros. Recuerdo cuando empecé a fijarme en ese detalle: de pronto, mariquitas que llevaba años viendo como «rojas raras» o «naranjas con muchos puntos» resultaron ser todas la misma viajera. El pronoto lo aclara en un segundo.
Cómo es una Mariquita Nativa

Frente a esa variabilidad, nuestras mariquitas autóctonas son mucho más constantes. La más conocida es la mariquita de siete puntos (Coccinella septempunctata), de un rojo limpio con siete puntos negros bien repartidos y, en el pronoto, un fondo negro con solo dos pequeñas manchas blancas a los lados. Nada de la M clara de la asiática.
Esa es la diferencia que de verdad importa: en las nativas el pronoto es oscuro con puntos simples; en la invasora, claro con dibujo en M. Las autóctonas, además, suelen cazar en solitario y no acostumbran a perseguir ni a devorar los huevos y larvas de otras mariquitas, algo que la asiática sí hace con frecuencia.
En España conviven varias especies nativas de tamaños y patrones distintos, pero comparten ese pronoto oscuro de marcas sencillas. Cuando dudes, vuelve siempre al mismo punto de control: el escudo entre la cabeza y las alas. Si es claro con una M negra, es la viajera; si es oscuro con manchitas simples, es de las nuestras.
La de siete puntos no es la única de las nuestras. La mariquita de dos puntos (Adalia bipunctata), roja con un punto negro en cada ala, y otras especies de menor tamaño completan un grupo de aliadas que llevan muchísimo tiempo ayudando al jardín. Todas comparten ese aire de pronoto sobrio y patrón estable, frente al caos de variantes de la asiática. Un detalle útil son las larvas: las de la asiática son alargadas, oscuras y con vistosas manchas naranjas a los lados y pequeñas espinas, más grandes que las de las nativas. Aprender a reconocer también esa fase ayuda, porque gran parte del apetito por los pulgones se da precisamente cuando son larvas.
Por Qué Importa la Diferencia
Quizá te preguntes qué más da, si al fin y al cabo todas comen pulgones. La cuestión es que la mariquita asiática no se limita a competir por el alimento: también depreda huevos y larvas de otras mariquitas, incluidas las nativas, lo que se conoce como depredación intragremial. Donde se establece con fuerza, las poblaciones autóctonas tienden a retroceder.

A eso se suma un par de molestias muy concretas para las personas. En otoño, estas mariquitas buscan refugio para invernar y forman agregaciones, a veces numerosas, en las grietas y ventanas de las casas; pueden manchar al soltar un líquido defensivo amarillento y, ocasionalmente, dar pellizcos leves. No son peligrosas, pero sí incómodas en grandes cantidades.
Hay también un motivo agrícola poco conocido. Cuando estas mariquitas se cuelan en la vendimia y acaban prensadas junto a la uva, pueden transmitir al mosto un sabor y un olor desagradables; es un problema documentado en zonas vitícolas y una razón más para vigilar sus agregaciones de otoño. En apenas un par de décadas, la mariquita asiática ha pasado de ser una herramienta de control biológico a una de las mariquitas más abundantes en muchos jardines europeos, y ese éxito tan rápido es justo lo que preocupa a quienes estudian la fauna autóctona. No es un insecto malvado, sino demasiado eficaz fuera de su sitio.
Saber distinguirlas evita, además, dos errores opuestos. Por un lado, eliminar por equivocación a las mariquitas nativas, que son aliadas valiosísimas del jardín. Por otro, soltar deliberadamente mariquitas compradas sin saber qué especie son y contribuir, sin querer, a extender la invasora. La identificación correcta es el primer paso para no estropear el equilibrio que ya tienes.
Qué Hacer si las Encuentras en tu Jardín
Lo más importante es no entrar en pánico ni montar una cacería. Una mariquita asiática suelta en el jardín sigue comiendo pulgones y no justifica el uso de insecticidas, que harían mucho más daño al resto de la fauna útil. La gestión sensata es indirecta y se centra en proteger a las nativas y en cerrar el paso a las agregaciones de otoño dentro de casa.
Para lo segundo, lo eficaz es preventivo: sellar grietas, rendijas de ventanas y entradas de aire antes del frío, y, si ya han entrado, retirarlas con un aspirador en lugar de aplastarlas, porque al aplastarlas sueltan ese líquido que mancha y huele. Fuera de casa, un jardín diverso, con flores y refugios, favorece a las especies autóctonas frente a la invasora.
En mi experiencia, la mejor herramienta no es ningún producto, sino la observación. Aprender a leer el pronoto, contar quién hay en cada planta y dejar trabajar a las mariquitas de siempre hace más por el equilibrio del jardín que cualquier intervención apresurada. Identificar bien es, casi siempre, la mitad de la solución.

Preguntas Frecuentes
¿La mariquita asiática es peligrosa para las personas?
R: No es peligrosa. Puede dar algún pellizco leve si se siente atrapada y suelta un líquido amarillento de olor desagradable que mancha, pero no transmite enfermedades ni es tóxica. La principal molestia es su costumbre de agruparse dentro de las casas en otoño, que en grandes cantidades resulta incómoda.
¿Debo matar las mariquitas asiáticas que vea en el jardín?
R: No merece la pena, y desde luego nunca con insecticidas. En el jardín siguen comiendo pulgones y matarlas a mano apenas cambia nada, mientras que un tratamiento químico arrasaría también con la fauna útil. Es mucho más eficaz proteger a las nativas y evitar que entren en casa sellando grietas.
¿Cómo distingo rápido una nativa de una asiática?
R: Mira siempre el pronoto, el escudo entre la cabeza y las alas. Si es de fondo claro con un dibujo negro en forma de M, es la asiática, tenga el color de alas que tenga. Si es oscuro con un par de manchas blancas simples, es una de nuestras mariquitas autóctonas.
¿Sirve comprar y soltar mariquitas para controlar pulgones?
R: Lo desaconsejo si no sabes con certeza qué especie compras. Soltar mariquitas sin identificar puede contribuir a extender especies invasoras y alterar la fauna local. He aprendido que es mucho mejor crear un jardín que atraiga por sí solo a las mariquitas autóctonas, con flores variadas y sin insecticidas.
— Isabel Sánchez